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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Doña Ignacia y su destino

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Ignacia: joven y bonita, de buen cuerpo –muy agraciada- tenía un defecto en especial: era infeliz. Teníamos tres años, dos meses y dos días, recuerdo que apenas éramos dos chiquillos incipientes de la vida dura, aún pensando en qué carrera íbamos a tomar con mucha inseguridad, desistiendo a las áreas más odiosas de nuestras vidas. Ignacia: 17 años, decidida, atrevida, inteligente. Yo: Mario Arlequín, deseoso de aventurar como ella, de tener la experiencia que ella tenía en ese entonces... a veces envidiaba su vida, sus padres, su buen trato con la sociedad... pero ella detestaba esa vida. Un día escuché algo que no deseé escuchar jamás... algo que hubiera querido que no pasara nunca... Estando yo con ella, sentados en la orilla del mar, Ignacia me toma de la mano, y luego de un beso apasionado me dice: - Tenemos ya tres años... es increíble. - Así es... y no me arrepiento de nada. - Sin embargo... Ignacia se puso de pie, y dándome la espalda continuó: - No soporto mi vida sin ti, Mario...

NADIE PUEDE HACERME DAÑO

La mujer que me odia está celosa. Y prefiero creer eso por que tanto daño me ha hecho que cambiaré de perspectiva. Un día me dijo que me odiaba con toda su alma y que nunca en su vida va a odiar tanto a alguien, me ha llamado perra, puta, cuando antes me decía que sería una buena "nuera". Es la persona que poco a poco va endureciendo mi corazón con sus palabras envenenadas y llenas de ignorancia, la que periódicamente me llamaba a la hora que se le daba la gana a agredirme, a insultarme, a maldecir el momento que me enamoré de su hijo. Cada léxico escaso de su parte se almacenaba en mi corazón y lo llenaba del mismo odio, del mismo dolor... Hoy quiero decirle que tener las hagallas de enfrentarla sería inúti porque no estoy a la altura de discutir con una mujer de esa clase. Le quiero decir a esa señora que peredería mi tiempo pensando en ella, odiar a alguien es darle demasiada importancia, y sinceramente prefiero concentrar mi ocupada vida en regalar sonrisas que lágrimas, ...