Doña Ignacia y su destino

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Ignacia: joven y bonita, de buen cuerpo –muy agraciada- tenía un defecto en especial: era infeliz. Teníamos tres años, dos meses y dos días, recuerdo que apenas éramos dos chiquillos incipientes de la vida dura, aún pensando en qué carrera íbamos a tomar con mucha inseguridad, desistiendo a las áreas más odiosas de nuestras vidas. Ignacia: 17 años, decidida, atrevida, inteligente. Yo: Mario Arlequín, deseoso de aventurar como ella, de tener la experiencia que ella tenía en ese entonces... a veces envidiaba su vida, sus padres, su buen trato con la sociedad... pero ella detestaba esa vida. Un día escuché algo que no deseé escuchar jamás... algo que hubiera querido que no pasara nunca... Estando yo con ella, sentados en la orilla del mar, Ignacia me toma de la mano, y luego de un beso apasionado me dice: - Tenemos ya tres años... es increíble. - Así es... y no me arrepiento de nada. - Sin embargo... Ignacia se puso de pie, y dándome la espalda continuó: - No soporto mi vida sin ti, Mario...

(Sin título)


No encuentro el título ideal para este post, por que no habría uno que describa lo que estoy sintiendo ahora.
Hay amigos de toda clase, pero ninguno como los míos.
Tengo amigos de verdad: por que pese a que los esté conociendo, sé que son los ideales, los que nunca se olvidan… los que te apoyan.
Amigos como los que me encontré hoy.
Hoy es mi cumpleaños, hoy: 16 de abril del 2011.
Apenas entré el sábado pasado y hoy soy recibida como una reina. Me siento bendecida y realmente agradecida con Dios.
Nunca tuve un día tan especial. Quizá por eso esté llena de orgullo por los desconocidos que estoy comenzando a querer.
Y eso es mucho: siempre tuve recelo con los amigos que tuve.
Ayer despedí a mi edad. 17 años: año del cual tuve muchas tristezas y tropiezos… año del cual sufrí y encontré a Dios… del cual recibí muchos golpes y– por qué no- abrazos (aunque fueron muy pocos).
Lo despedí en una discoteca, a lo grande- bueno, no tan grande- una jarra de cerveza bastó para celebrar mi nuevo nacimiento.
Lo despedí con alegría, por que desde hoy comienzo a ser una verdadera ciudadana del Perú, y mi querido país me da la bienvenida con unos amigos maravillosos que me recibieron con aplausos y muchas bendiciones.
Soy feliz y lo admito. Hoy ellos me hicieron sentir importante, aquella palabra que no había sentido desde hace mucho tiempo.
Hoy fui la reina del día, y ellos me lo dejaron bien claro. Es por eso que los quiero, y que nunca me voy a olvidar de eso.
Muchas gracias a todos los que me saludaron… por que pensaron en esta engreída y renegona chica que a veces les hace reír, y a veces llorar. Gracias a los que me aconsejaron luego del saludo por Facebook.
Los quiero indiscutiblemente… muchas gracias por hacerme sentir especial.

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