Doña Ignacia y su destino

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Ignacia: joven y bonita, de buen cuerpo –muy agraciada- tenía un defecto en especial: era infeliz. Teníamos tres años, dos meses y dos días, recuerdo que apenas éramos dos chiquillos incipientes de la vida dura, aún pensando en qué carrera íbamos a tomar con mucha inseguridad, desistiendo a las áreas más odiosas de nuestras vidas. Ignacia: 17 años, decidida, atrevida, inteligente. Yo: Mario Arlequín, deseoso de aventurar como ella, de tener la experiencia que ella tenía en ese entonces... a veces envidiaba su vida, sus padres, su buen trato con la sociedad... pero ella detestaba esa vida. Un día escuché algo que no deseé escuchar jamás... algo que hubiera querido que no pasara nunca... Estando yo con ella, sentados en la orilla del mar, Ignacia me toma de la mano, y luego de un beso apasionado me dice: - Tenemos ya tres años... es increíble. - Así es... y no me arrepiento de nada. - Sin embargo... Ignacia se puso de pie, y dándome la espalda continuó: - No soporto mi vida sin ti, Mario...

El día que nos amamos IV

***


Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, iré yo; y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.

¿Buscas señales? Yo también. Por ello me despido de ti. Aunque te amé, debo cerrar ciclos, y el nuestro no fue el adecuado. Mi libertad estará en el amor, en la inspiración. Conspirando con el viento para volver a abrazarte en sueños… Vuelvo a nacer en cada risa, en cada palabra… Ahora sé lo que es el amor. Es esta despedida.
Me marcho, no de este mundo, si no de esta relación. Te dejo todo, te lo regalo todo, hasta los buenos momentos. Te perdono, te bendigo, te amo, te respeto.
Fui tu amiga, tu amante, tu confidente, tu madre, tu hermana, tu consejera, tu esposa. Estoy aquí, vivo por mí. Me despido con elegancia, como la mujer que soy.
Tú alimentaste mis sueños, escuchaste mis anhelos, amaste mis quebrantos. Te amo como lo hermoso que fuiste, y ahora me despido bendiciendo estos momentos que nos enseñaron a ser más fuertes en la adversidad.
Me voy con tu risilla traviesa, el del niño de 14 años al que conocí. Me voy con tus ocurrencias, esas que apagué con el carácter que me bendice, pero que también alimenté con mis locuras de niña. Esas soy yo, mi esencia.
Me voy con tus manos en mi rostro, tu beso en el viento… me voy y te lo dejo todo, y lo demás se lo dejo a Dios.

“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante...” -Antoine de Saint-Exupéry (Le Petit Prince)

Fueron todos los momentos los que hicieron importante esta relación para mí. Sé feliz, nunca dejes de soñar ni te rindas.

Sueño con el pasar del tiempo, con el camino ya trazado. De pronto, te recuerdo a ti. Sonrío.

Éxitos.

 



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