Doña Ignacia y su destino

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Ignacia: joven y bonita, de buen cuerpo –muy agraciada- tenía un defecto en especial: era infeliz. Teníamos tres años, dos meses y dos días, recuerdo que apenas éramos dos chiquillos incipientes de la vida dura, aún pensando en qué carrera íbamos a tomar con mucha inseguridad, desistiendo a las áreas más odiosas de nuestras vidas. Ignacia: 17 años, decidida, atrevida, inteligente. Yo: Mario Arlequín, deseoso de aventurar como ella, de tener la experiencia que ella tenía en ese entonces... a veces envidiaba su vida, sus padres, su buen trato con la sociedad... pero ella detestaba esa vida. Un día escuché algo que no deseé escuchar jamás... algo que hubiera querido que no pasara nunca... Estando yo con ella, sentados en la orilla del mar, Ignacia me toma de la mano, y luego de un beso apasionado me dice: - Tenemos ya tres años... es increíble. - Así es... y no me arrepiento de nada. - Sin embargo... Ignacia se puso de pie, y dándome la espalda continuó: - No soporto mi vida sin ti, Mario...

Déjala

Ese temita tuyo me ha vuelto loca desde que nos conocimos. Primeramente porque dices que la amas y luego me besas, segundo, porque siempre te he pedido que la dejes, y estás ahí, como un perro faldero, andando tras sus sobras.
Sabes que te he podido dar todo y sin embargo buscas estar a su lado, la odio, la detesto, tú te excusas diciéndome que tienen más de 4 años de relación, que no puedes dejarla, que es imposible porque ella puede hacerse algo, se volvería loca, yo me río de tu ocurrencia… ella está bien enterada que tú me haces el amor por las noches, y que vienes a su casa por las mañanas. Tampoco las mujeres somos tontas, o eso era lo que pensabas hasta que ella te lo encaró, desmanteló tu situación cuando te pidió la verdad, encima tuviste la desfachatez de contarme que ella te había llorado, que hicieron el amor, que después de eso había renunciado a ti con una carta, ¿entonces por qué mierda sigues sus pasos si ella ya no quiere nada mas contigo?

Déjala. Por favor, déjala. Yo tengo labios para besarte, tengo manos para acariciarte, tengo oídos para escucharte, sobre todo eso…escuchar lo que ella no puede, lo que ella no tolera por su carácter repulsivo y odioso. Yo tengo mejor cuerpo, un cuerpo quinceañero, una figura esbelta, unos senos más provocativos, ajustables a tu medida… yo tengo la voz que ella no tiene para consolarte, la sed insaciable de amarte al punto de sacrificarme en tu nombre.
Déjala, porque mi mirada es mucho más dócil, más enamorada, más tierna. No te rías de mis intenciones, sabes que digo la verdad cuando te amo, cuando te espero desesperadamente en mi alcoba, cuando me desnudas y luego entras en mí, en ese momento soy tuya, ella no piensa eso, ella cree que tú  la posees por diversión, maldita la hora que ella vino a buscarte justo cuando comenzabas a amarme con pasión, maldita ella, la odio…
Ese temita tuyo me ha vuelto loca desde que nos conocimos, en aquella habitación sin nombre ni contenido, yo te busqué y te di una de mis mejores sonrisas, tú me correspondiste, y yo me enamoré de ti, completamente. Así estuve, día y noche, tratando de conquistarte. Me costó mucho soportar tus palabras necias, llenándote la boca de “yo la amo, ella es mi novia”, en ese momento juro quería matarla, pero me contuve, porque mi plan era escucharte hasta que te cansaras de hablarme de ella, y con mis consejos, mis caricias, fueras entendiendo que yo era mejor, superior a ella. Una noche traté de besarte, y tú sólo te quedaste mirándome, no lo logré porque un hilo de conciencia entró en mi ser, pero… qué mierda importa eso ahora, si hasta el pudor lo dejo, no me importa si ella sufre, primero yo, primero mis sentimientos, primero mi amor por ti y después ella. Hablé de ella a tus espaldas, les dije a todos que ella era cruel contigo, que te hacía llorar, que te lastimaba, y todos te creyeron la víctima del calvario de su relación, y yo salí victoriosa… todo el mundo me creyó un ángel, todos te apoyaban, y cuando la dejaste llegaste a mi vida, me besaste, te besé, y así comenzamos nuestra aventura. Fue hermoso, fue mágico, fue especial. Te ofecí mi cuerpo por primera vez, y tú, con tus manos torpes me tocaste, y me arrebataste la virginidad. Me dolió mucho pero entendí que valía la pena… porque ese fue mi premio por todo lo que hice.
Pero, como nada es eterno, ella llegó llorosa una noche a preguntarte por qué había cambiado tanto, yo te pedí que seas firme en tus decisiones y tú, enamorado de mí, me obedeciste, la trataste mal y yo celebré tu acción, me reí en pensamientos, disfruté sus lágrimas porque ella merecía que sufriera por todo lo que te hizo. Pero luego me pediste 10 minutos a solas, conversaron, los vi abrazandose y la rabia me carcomió los sesos. Ella trató de irse y tú la tomaste del brazo, ¿qué carajos hace? Pregunté calmándome para no ir a interrumpirlos. Me fui furiosa a casa, y tú me llamaste horas más tarde, llorándome, suplicándome que te perdone. Me hice un poco a la difícil pero al final acepté y te escuché, con rabia, pero te escuché y te pedí que la dejaras. Tú aceptaste.
Al día siguiente no estuviste en tu casa cuando quise buscarte. Te fuiste muy temprano, no contestaste el teléfono y me extrañó mucho eso. Por la noche me llamaste dudoso, desconfiado, herido, preguntándome si te amaba, yo te dije que sí, que por supuesto te amaba con todas mis fuerzas, y tú dormiste tranquilo esa noche, aunque antes de eso, me pediste que te dedicara una canción para eliminar los recuerdos…eso me llenó de cólera pero me hice a la tonta, te dediqué la mejor canción del mundo y por fin te quedaste tranquilo.
Desde ese día te noté raro. De pronto dejaste de tocarme, de besarme, apenas te tocaba salías espantado. ¿Qué te ocurrió? Te dije, y me confesaste que te sentías de lo peor, que ella te había pedido que me dejaras, que te amaba, que siempre te amó, y que ahora estabas confundido. Yo sentí un profundo aire de vergüenza, de lástima, de ira y de fracaso, me sentí amenazada, estabas dejando de creer en mí, ¡la maldita te estaba recuperando! Yo, con mis varios trucos histriónicos, lloré, me arrodillé y te dije: Por favor, no le creas, yo te amo de verdad, yo puedo darte cosas mucho mejores. No le creas, por favor… ella te hace daño, ella te lastima, ¿no te das cuenta que está manipulándote? Y tú te fuiste ofendido por el hecho de haberme arrodillado. Toda esa semana no me hablaste, y tampoco me preocupé tanto por eso. A la semana siguiente me enteré que regresaron.

Lo que pasó después fue obvio… de amante había sido la novia, y ahora tenía el papel que me correspondía, según muchas personas: Yo era la amante en realidad, y eso era de esperarse, que me dejaras por ella de nuevo, que volvieras cual niño abrazando a su madre. No he sabido de ti en muchos meses, pero sólo te pido eso, por favor déjala… 

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