Ese temita tuyo me ha vuelto loca
desde que nos conocimos. Primeramente porque dices que la amas y luego me
besas, segundo, porque siempre te he pedido que la dejes, y estás ahí, como un
perro faldero, andando tras sus sobras.
Sabes que te he podido dar todo y sin
embargo buscas estar a su lado, la odio, la detesto, tú te excusas diciéndome
que tienen más de 4 años de relación, que no puedes dejarla, que es imposible
porque ella puede hacerse algo, se volvería loca, yo me río de tu ocurrencia…
ella está bien enterada que tú me haces el amor por las noches, y que vienes a
su casa por las mañanas. Tampoco las mujeres somos tontas, o eso era lo que
pensabas hasta que ella te lo encaró, desmanteló tu situación cuando te pidió
la verdad, encima tuviste la desfachatez de contarme que ella te había llorado,
que hicieron el amor, que después de eso había renunciado a ti con una carta,
¿entonces por qué mierda sigues sus pasos si ella ya no quiere nada mas
contigo?
Déjala. Por favor, déjala. Yo
tengo labios para besarte, tengo manos para acariciarte, tengo oídos para
escucharte, sobre todo eso…escuchar lo que ella no puede, lo que ella no tolera
por su carácter repulsivo y odioso. Yo tengo mejor cuerpo, un cuerpo
quinceañero, una figura esbelta, unos senos más provocativos, ajustables a tu
medida… yo tengo la voz que ella no tiene para consolarte, la sed insaciable de
amarte al punto de sacrificarme en tu nombre.
Déjala, porque mi mirada es mucho
más dócil, más enamorada, más tierna. No te rías de mis intenciones, sabes que
digo la verdad cuando te amo, cuando te espero desesperadamente en mi alcoba,
cuando me desnudas y luego entras en mí, en ese momento soy tuya, ella no
piensa eso, ella cree que tú la posees
por diversión, maldita la hora que ella vino a buscarte justo cuando comenzabas
a amarme con pasión, maldita ella, la odio…
Ese temita tuyo me ha vuelto loca
desde que nos conocimos, en aquella habitación sin nombre ni contenido, yo te
busqué y te di una de mis mejores sonrisas, tú me correspondiste, y yo me
enamoré de ti, completamente. Así estuve, día y noche, tratando de
conquistarte. Me costó mucho soportar tus palabras necias, llenándote la boca
de “yo la amo, ella es mi novia”, en ese momento juro quería matarla, pero me
contuve, porque mi plan era escucharte hasta que te cansaras de hablarme de
ella, y con mis consejos, mis caricias, fueras entendiendo que yo era mejor,
superior a ella. Una noche traté de besarte, y tú sólo te quedaste mirándome,
no lo logré porque un hilo de conciencia entró en mi ser, pero… qué mierda
importa eso ahora, si hasta el pudor lo dejo, no me importa si ella sufre,
primero yo, primero mis sentimientos, primero mi amor por ti y después ella. Hablé
de ella a tus espaldas, les dije a todos que ella era cruel contigo, que te
hacía llorar, que te lastimaba, y todos te creyeron la víctima del calvario de
su relación, y yo salí victoriosa… todo el mundo me creyó un ángel, todos te
apoyaban, y cuando la dejaste llegaste a mi vida, me besaste, te besé, y así
comenzamos nuestra aventura. Fue hermoso, fue mágico, fue especial. Te ofecí mi
cuerpo por primera vez, y tú, con tus manos torpes me tocaste, y me arrebataste
la virginidad. Me dolió mucho pero entendí que valía la pena… porque ese fue mi
premio por todo lo que hice.
Pero, como nada es eterno, ella
llegó llorosa una noche a preguntarte por qué había cambiado tanto, yo te pedí
que seas firme en tus decisiones y tú, enamorado de mí, me obedeciste, la
trataste mal y yo celebré tu acción, me reí en pensamientos, disfruté sus
lágrimas porque ella merecía que sufriera por todo lo que te hizo. Pero luego
me pediste 10 minutos a solas, conversaron, los vi abrazandose y la rabia me
carcomió los sesos. Ella trató de irse y tú la tomaste del brazo, ¿qué carajos
hace? Pregunté calmándome para no ir a interrumpirlos. Me fui furiosa a casa, y
tú me llamaste horas más tarde, llorándome, suplicándome que te perdone. Me hice
un poco a la difícil pero al final acepté y te escuché, con rabia, pero te
escuché y te pedí que la dejaras. Tú aceptaste.
Al día siguiente no estuviste en
tu casa cuando quise buscarte. Te fuiste muy temprano, no contestaste el
teléfono y me extrañó mucho eso. Por la noche me llamaste dudoso, desconfiado,
herido, preguntándome si te amaba, yo te dije que sí, que por supuesto te amaba
con todas mis fuerzas, y tú dormiste tranquilo esa noche, aunque antes de eso,
me pediste que te dedicara una canción para eliminar los recuerdos…eso me llenó
de cólera pero me hice a la tonta, te dediqué la mejor canción del mundo y por
fin te quedaste tranquilo.
Desde ese día te noté raro. De pronto
dejaste de tocarme, de besarme, apenas te tocaba salías espantado. ¿Qué te
ocurrió? Te dije, y me confesaste que te sentías de lo peor, que ella te había
pedido que me dejaras, que te amaba, que siempre te amó, y que ahora estabas
confundido. Yo sentí un profundo aire de vergüenza, de lástima, de ira y de
fracaso, me sentí amenazada, estabas dejando de creer en mí, ¡la maldita te
estaba recuperando! Yo, con mis varios trucos histriónicos, lloré, me arrodillé
y te dije: Por favor, no le creas, yo te amo de verdad, yo puedo darte cosas
mucho mejores. No le creas, por favor… ella te hace daño, ella te lastima, ¿no
te das cuenta que está manipulándote? Y tú te fuiste ofendido por el hecho de
haberme arrodillado. Toda esa semana no me hablaste, y tampoco me preocupé
tanto por eso. A la semana siguiente me enteré que regresaron.
Lo que pasó después fue obvio… de
amante había sido la novia, y ahora tenía el papel que me correspondía, según
muchas personas: Yo era la amante en realidad, y eso era de esperarse, que me
dejaras por ella de nuevo, que volvieras cual niño abrazando a su madre. No he
sabido de ti en muchos meses, pero sólo te pido eso, por favor déjala…
Comentarios
Publicar un comentario