Doña Ignacia y su destino

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Ignacia: joven y bonita, de buen cuerpo –muy agraciada- tenía un defecto en especial: era infeliz. Teníamos tres años, dos meses y dos días, recuerdo que apenas éramos dos chiquillos incipientes de la vida dura, aún pensando en qué carrera íbamos a tomar con mucha inseguridad, desistiendo a las áreas más odiosas de nuestras vidas. Ignacia: 17 años, decidida, atrevida, inteligente. Yo: Mario Arlequín, deseoso de aventurar como ella, de tener la experiencia que ella tenía en ese entonces... a veces envidiaba su vida, sus padres, su buen trato con la sociedad... pero ella detestaba esa vida. Un día escuché algo que no deseé escuchar jamás... algo que hubiera querido que no pasara nunca... Estando yo con ella, sentados en la orilla del mar, Ignacia me toma de la mano, y luego de un beso apasionado me dice: - Tenemos ya tres años... es increíble. - Así es... y no me arrepiento de nada. - Sin embargo... Ignacia se puso de pie, y dándome la espalda continuó: - No soporto mi vida sin ti, Mario...

Ta bom


Ella sólo quería bailar,

Sentir la brisa en sus pies, escuchar el canto del mar…

Ella sólo quería besar…

Sin que él mueva sus labios, sólo quería su boca,

Sólo ansiaba su risa,

Sólo amaba su voz.

 

Ella sólo quería vivir…

Sólo quería soñar,

Sólo quería amar.

 

Ella es de las que duermen tanto para saber si acaso sus sueños se hacen realidad.

Ella es de las que lloran por todo, para reír demasiado cuando le destruyan el alma…

Ella es de las que camina como aventurera, sin un rumbo, sin un final,

Ella es de las que solía ver las estrellas para armar figuritas por las noches y sentirse una de ellas.

 

Ella sólo quiere a alguien que limpie sus lágrimas cuando la derrumben,

Alguien que la invite a bailar una noche con estrellas,

Sólo buscaba a alguien que la aborde sin una razón, una mañana fría,

Que bese su frente cuando más lo necesita.

Ella sólo seguirá esperando que esto suceda.
 
...
Te dejo libre...
Porque así lo quieres,
te dejo solo.. te dejo en paz.
Eso querías,
y aún así mientes,
así que sólo te quedarás.
 
Te di mi vida, te di mi aliento
y hasta mis fuerzas a rebalsar,
y las ofensas, los juramentos,
no mientas tanto, ya claro está.
 
Por eso te dejo libre,
y así lo quieres,
pero al salir,
contigo mi vida se va.
 
No seré la misma cuando tú salgas,
otra persona en mi cuerpo encontrarás.
Y aunque tu recuerdo sea un calvario,
eso tendré que soportar.
...
 

 

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